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Asesine a mi mejor amiga y no sentí nada

Morgan y Anissa se enfrentan a un futuro en la cárcel. A un futuro separadas

“¿Podré volver al colegio? Nunca he faltado”. Anissa le hizo esta pregunta al policía que la esposó el 31 de mayo de 2014, horas después de que ella y Morgan llevaran a su amiga Bella al bosque para clavarle un cuchillo 19 veces.

Todos creyeron conocer los motivos de su plan: Anissa y Morgan son dos adolescentes marginadas que se creen las historias de terror de internet.

Por eso decidieron sacrificar a Bella, para demostrar lealtad a Slender Man, su nuevo monstruo amado. Sobre todo, querían invocar al Hombre Flaco y Sin Rostro para que se las llevara a vivir con él a su mansión del bosque. Para desaparecer de su pueblo, de su colegio, de la faz de la tierra.

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Pero no es tan sencillo. Ni siquiera en las mentes de dos niñas de 12 años.

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Anissa y Morgan ya no se hablan, aunque siguen teniendo muchas cosas en común.

Las dos llevan 15 meses encerradas en un centro penitenciario para jóvenes de Washington, las dos han sido acusadas de intento de asesinato en primer grado y viven en celdas idénticas, de paredes blancas y sin muebles.

Las dos han cumplido 13 años y cada día visten una especie de pijama que les viene grande. Tanto Anissa como Morgan están hartas de hablar con un psicólogo que les pregunta lo mismo una y otra vez.

¿Intentaste matar a Bella?, ¿Cómo lo hiciste?, ¿Qué sentías mientras le clavabas el cuchillo?

Morgan dijo algo que salió en muchos periódicos: “No sentí nada, fue como apuñalar al aire”.

De Anissa, su propio hermano dijo que no sabe distinguir entre sus sueños y la realidad.

Todo parece una pesadilla, pero no de las que a estas dos amigas les gustan. En esta pesadilla, están separadas y ya no pueden escapar.

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El pasado 10 de agosto, Anissa y Morgan se vieron por primera vez desde aquel día fatídico en el bosque. Fue en el juicio. Las dos llevaban una cadena en la cintura y las manos esposadas.

Nadie sabe si aún son amigas, nadie les preguntó, ellas no dijeron nada. Sus abogadas, dos mujeres con traje, hablaron en su nombre.Las abogadas estaban de acuerdo en lo siguiente: Anissa y Morgan planearon el asesinato de Bella conscientemente. Pero tenían 12 años, así que no son culpables.

Anissa y Morgan planearon el asesinato conscientemente. Pero tenían 12 años. ¿Son culpables?

Pidieron al juez que tuviera en cuenta que aquel día, en el bosque, las dos amigas no eran conscientes de sus actos porque eran niñas. No pueden ser culpables de intento de asesinato en primer grado.

El juez, un señor con todo el pelo blanco y con bigote, dijo que el crimen era “de una naturaleza particularmente viciosa” y que Anissa y Morgan no están locas. Si se las juzga como menores de edad quedarán en libertad al cumplir los 18 años, sin supervisión ni tratamiento de salud mental.

Por eso ha decidido que sean juzgadas como adultas. Eso significa que, si son declaradas culpables, Anissa y Morgan podrían pasar 65 años en la cárcel.

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En este nuevo escenario, las abogadas intentan defender los intereses de Anissa y Morgan por separado. Como si fueran enemigas enfrentadas. Para ello están utilizando las declaraciones que las dos niñas hicieron ante la policía y los psicólogos horas después del apuñalamieto y durante todos estos meses de encierro. Las palabras de Anissa y de Morgan se contradicen. Nunca han hablado desde entonces, pero sus testimonios forman un extraño diálogo:

Anissa: “Morgan me propuso el sacrificio para conseguir ser súbditas de Slender Man”.

Morgan: “Anissa fue quien lo planeó todo, ella me dijo que lo diciera, hizo que pareciera necesario. Pensé que si era necesario, iba a hacerlo”.

Anissa: “Yo no lo hice, Morgan fue quien se abalanzó sobre Bella”.

Morgan: “No recuerdo quién sostenía el cuchillo”.

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El otoño pasado, Morgan fue trasladada del centro penitenciario para jóvenes al Instituto de Salud Mental de Winnebago, Minnesota. Allí fue puesta en vigilancia durante 24 horas y recibió el diagnóstico definitivo: sufre esquizofrenia.

“Tiene una larga historia de alucinaciones auditivas, visuales y táctiles”, concluyó el doctor Kenneth Casimir el pasado junio. “Desde los 3 años Morgan ha sido perseguida por sueños vívidos que deseaba eliminar […] puede llegar a sentir que los fantasmas le abrazan”.

En su informe, Casimir advirtió que Morgan es peligrosa para otras personas. Según este psiquiatra, la niña le dijo: “Si Slender Man me dijera que debo entrar en la casa de alguien y apuñalarlo, tendría que hacerlo”.

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Justo después del ataque, junto a la autopista y sin saber a dónde ir, Morgan le hizo una terrible confesión a Anissa: “He hecho una especie de acuerdo con Slender Man”.

En una conversación telepática y privada, Morgan le había prometido al ser imaginario que, si fallaba en el asesinato de Bella, entonces podía ir a por su propia familia y la de Anissa.En ese momento, y según sus propias declaraciones, Anissa dijo: “He tenido suficiente. Quiero llamar a mi madre. Quiero ir a casa”. Las dos niñas sabían que Slender Man era un personaje ficticio, así lo han declarado ambas. Para ellas, las historias de terror eran un pasatiempo, una forma de entretenerse y vibrar con mundos imaginarios más divertidos que el suyo. Un mundo en el que podían participar con solo proponérselo. Un mundo lleno de seres monstruosos e imperfectos.

En internet, el cuento de terror se convierte en un fenómeno vivo que no para de crecer

Si antes las historias se contaban alrededor de hogueras, o con una linterna pegada a la barbilla, ahora muchos adolescentes las encuentran en internet. Anissa y Morgan supieron de Slender Man en la página Creepypasta, un referente wiki para los amantes del género de terror.

Allí encontraron fotomontajes realistas, testimonios que parecen verdaderos, relatos que se convierten en hilos de conversación. El cuento de terror se convierte en un fenómeno vivo que no para de crecer. Y Slender Man se vuelven creíble, o algo en lo que dos niñas de 12 años necesitan creer.

Justo después de dejar a Bella desangrándose en el bosque, mientras huían con las mochilas cargadas con una botella de agua y barritas de cereales, Anissa entró en pánico y se puso a llorar: “Culpaba a Morgan de todo. Le dije: ‘Tú la has apuñalado, tú querías esto’. Morgan no llora nunca, pero empezó a llorar”.

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Hubo dos instantes concretos. Dos instantes en los que Morgan y Anissa olvidaron la fantasía, la sangre, las visiones esquizofrénicas y las acusaciones mutuas.

Hubo dos instantes en los que estas niñas, dentro de una prisión y sentadas en dos salas distintas y ante el mismo psicólogo insistente, parecieron mostrar al mundo la verdadera razón por la que planearon asesinar a la más sociable del grupo, a la princesa rosa, a la sonriente Bella.

Anissa: “Yo no quería hacerlo, pero después no quería dejar sola a Morgan. Pensé que estaría bien demostrar que los escépticos se equivocaban”.

Morgan: “En parte, cometí el apuñalamiento porque no quería hacer enfadar a Anissa. Ya es suficientemente difícil hacer amigos. No quiero perder a alguien por culpa de algo como esto”.

Jamás llegarán a la mansión del bosque. Seguramente siempre lo supieron
Semanas después del ataque, Bella se recuperó de las heridas y volvió al colegio. Allí se encontró con que muchos compañeros lucían bigotes de gato pintados en el reverso de sus manos. Era una forma de apoyo, de darle la bienvenida después de haber estado al borde de la muerte.

Puede que Morgan y Anissa supieran que jamás iban a sentirse así, queridas. Al fin y al cabo ellas siempre han sido los monstruos de la clase, las raras. Quizá sólo querían intentar llegar a su lugar de pertenencia, a la mansión de Slender Man, donde vivían muchos mini monstruos, niños y niñas abducidos y secuestrados por el hombre delgado y sin rostro.

Morgan y Anissa jamás llegarán a la mansión del bosque. Seguramente siempre lo supieron. Pero ahora, con 13 años, se han convertido en los monstruos que el mundo necesita. En las protagonistas del un cuento de terror que nunca soñaron.

NOTA* Hace 15 meses que Morgan Geyser y Anissa Weier están recluidas en un centro penitenciario para jóvenes en Washington. Han sido acusadas de intento de asesinato en primer grado. El pasado 10 de agosto el juez del caso decidió que las dos niñas de 13 años serán juzgadas como adultas. Eso ha provocado que el secreto de sumario se haya levantado: todas las pruebas del caso, incluyendo vídeos con las confesiones de las jóvenes, se han hecho públicos. Este relato se ha construido en base a esos documentos.



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